En esta nueva catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum, el Papa León XIV nos invita a profundizar en una cuestión central para la fe cristiana: la relación inseparable entre la Sagrada Escritura y la Tradición. Lejos de oponerse o competir entre sí, ambas forman un único y sagrado depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia.
Para comprender esta relación, el Papa parte de dos escenas evangélicas decisivas. En el Cenáculo, Jesús promete a sus discípulos el don del Espíritu Santo, que les recordará todo lo que Él ha dicho y los guiará hasta la verdad plena. En Galilea, el Resucitado envía a los apóstoles a anunciar el Evangelio y a enseñar todo lo que Él les ha mandado. Palabra y transmisión, anuncio y memoria viva, aparecen así íntimamente unidas desde el origen mismo de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II expresa esta realidad con una imagen clara y profunda: la Escritura y la Tradición proceden de la misma fuente divina, se comunican entre sí y tienden a un mismo fin. La Tradición no es una repetición mecánica del pasado, sino el modo vivo en que la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios a lo largo de la historia. Como recordaban los Padres de la Iglesia, la Escritura está escrita antes en el corazón de la Iglesia que en los libros.
Esta transmisión viva progresa en el tiempo gracias a la acción del Espíritu: mediante la reflexión y el estudio de los creyentes, la experiencia espiritual del pueblo de Dios y, de modo particular, la predicación de los sucesores de los apóstoles, que han recibido el carisma cierto de la verdad. Así, la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, conserva y comunica íntegramente la fe que ha recibido.
Por eso, la Palabra de Dios no es una realidad inmóvil ni fosilizada. Como afirmaba san Gregorio Magno, la Escritura crece con quien la lee. Y san Agustín recordaba que un único Verbo resuena en la multiplicidad de los textos sagrados. La Tradición, lejos de añadir algo extraño a la Escritura, permite que esta despliegue toda su riqueza en contextos históricos y culturales siempre nuevos.
El Papa León XIV retoma también la exhortación de san Pablo a Timoteo: «Guarda el depósito que se te ha confiado». Este “depósito” no es una reliquia que conservar en vitrinas, sino una estrella polar que orienta a la Iglesia en la complejidad de la historia. Custodiarlo implica fidelidad, discernimiento y responsabilidad, para transmitir intacta la fe recibida y, al mismo tiempo, hacerla fecunda en el presente.
La Dei Verbum concluye afirmando con claridad que Escritura y Tradición están tan unidas que no pueden subsistir separadamente. Bajo la acción de un único Espíritu Santo, ambas cooperan eficazmente a la salvación. Acoger esta enseñanza nos ayuda a comprender que la Palabra de Dios vive en la Iglesia y sigue hablándonos hoy, iluminando nuestro camino personal y comunitario.

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