Devoción a la Sagrada Eucaristía

Devoción a la Sagrada Eucaristía

Índice alfabético

Visita al Santísimo

℣. Bendito y alabado sea Jesús Sacramentado.
℟. Sea por siempre bendito y alabado.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

℣. ¡Viva Jesús Sacramentado!
℟. ¡Viva y de todos sea amado!

℣. Adorémus in ætérnum Sanctíssimum Sacraméntum.
℟. Adorémus in ætérnum Sanctíssimum Sacraméntum.

Pater noster, Ave María, Glória Patri.

Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra santísima Madre, y con el espíritu y fervor de los santos.

Bendición y Reserva

℣. Les diste pan del cielo.
℟. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

℣. Panem de caelo praestitisti eis.
℟. Omne delectamentum in se habentem.

Oremus: Deus, qui nobis sub sacramento mirabili, passionis tuae memoriam reliquisti: tribue, quaesumus, ita nos Corporis et Sanguinis tui sacra mysteria venerari, ut redemptionis tuae fructum in nobis iugiter sentiamus. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.

Concédenos, Señor y Dios nuestro, a los que creemos y proclamamos que Jesucristo, el mismo que por nosotros nació de la Virgen María y murió en la cruz, está presente en el Sacramento, bebamos de esta divina fuente el don de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Concédenos, te rogamos, Señor y Dios nuestro, celebrar con dignas alabanzas al Cordero que fue inmolado por nosotros y que está oculto en el Sacramento, para que merezcamos verle patente en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Oh Dios, que nos diste el verdadero pan del cielo, concédenos, te rogamos, que, con la fuerza de este alimento espiritual, siempre vivamos en ti y resucitemos gloriosos en el último día. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Ilumina, Señor, con la luz de la fe nuestros corazones y abrásalos con el fuego de la caridad, para que adoremos confiadamente en espíritu y en verdad a quien reconocemos en este Sacramento como nuestro Dios y señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Que los sacramentos con los que te has dignado restaurarnos, Señor, llenen de la dulzura de tu amor nuestros corazones y nos impulsen a desear las riquezas inefables de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Oh Dios, que redimiste a todos los hombres con el misterio pascual de Cristo, conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que, venerando constantemente el misterio de nuestra salvación, merezcamos conseguir su fruto. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Alabanzas de desagravio

Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Benedictus Deus.
Benedictum nomen eius sanctum.
Benedictus Iesus Christus, Deus et Homo verus.
Benedictum nomen Iesu.
Benedictum sacratissimum Cor eius.
Benedictum pretiosissimam Sanguinem eius.
Benedictus Iesus in Sacramento Altaris.
Benedictus Spiritus Sanctus Paraclitus.
Beata est excelsa Mater Dei, Maria Sanctissima.
Beata est Immaculata Conception eius.
Beata est gloriosa Assumptio eius.
Benedictum nomen Mariae Virginis et Matris.
Benedictus sanctus Joseph, castissimus eius coniux.
Benedictus Deus in Angelis suis et Sanctis.

Alma de Cristo / Anima Christi

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del enemigo maligno, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe,
por los siglos de los siglos. Amén.

Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Iesu, exaudi me.
Intra tua vulnera absconde me.
Ne permittas me separari a te.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me.
Et iube me venire ad te,
ut cum Sanctis tuis laudem te,
in saecula saeculorum. Amen.

Tomad, Señor, y recibid

Tomad, Señor y recibid
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.

Vos me lo disteis,
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed a toda vuestra voluntad,
dadme vuestro amor y gracia,
que esta me basta. Amén.

Acto de amor a Dios (Sto. Cura de Ars)

Te amo, Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Dios mío, infinitamente amable y prefiero morir amándote que vivir un solo instante sin amarte.
Te amo, Dios mío, y sólo deseo ir al cielo sólo para tener la felicidad de amarte perfectamente.
Te amo, Dios mío, y sólo temo el infierno porque en él no existirá nunca el consuelo de amarte.

Dios mío, si mi lengua no puede decir en todo momento que te amo, al menos quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro.
¡Ah! Dame la gracia de sufrir amándote, de amarte en el sufrimiento y de expirar un día amándote y sintiendo que te amo.
A medida que me voy acercando al final de mi vida, te pido que vayas aumentando y perfeccionando mi amor.Amén.

Oraciones del Ángel de Fátima

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo!
¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!
(Tres veces)

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que Él es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores. Amén.

Laudate Dominum

Alabad al Señor todos los pueblos,
alabadle todas las naciones.
Pues ha corroborado su piedad por nosotros:
y la verdad del Señor permanece para siempre.
Gloria al Padre…

Laudate Dominum omnes gentes:
laudate eum omnes populi.
Quoniam confirmata est super nos misericordia eius:
et veritas Domini manet in aeternum.
Gloria Patri…

Adoro Te Devote

1. Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.

2. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;
pero basta el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

3. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,
pero aquí se esconde también la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

4. No veo las llagas como las vio Tomás,
pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti esperé y que te amé.

5. ¡Oh, memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
Concede a mi alma que de Ti viva
y que siempre saboree tu dulzura.

6. Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.

7. Jesús, a quien ahora veo oculto,
Te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

1. Adóro te devóte, latens Déitas,
Quæ sub his figúris vere látitas:
Tibi se cor meum totum súbjicit,
Quia te contémplans totum déficit.

2. Visus, tactus, gustus in te fállitur,
Sed audítu solo tuto créditur:
Credo quidquid dixit Dei Filius:
Nil hoc verbo veritátis vérius.

3. In Cruce latébat sola Déitas,
At hic latet simul et humánitas:
Ambo tamen credens atque cónfitens,
Peto quod petívit latro paénitens.

4. Plagas, sicut Thomas, non intúeor:
Deum tamen meum te confíteor:
Fac me tibi semper magis crédere,
In te spem habére, te dilígere.

5. O memoriále mortis Dómini,
Panis vivus vitam præstans hómini:
Præsta meæ menti de te vívere,
Et te illi semper dulce sápere.

6. Pie pellicáne, Jesu Dómine,
Me immúndum munda tuo Sánguine:
Cujus una stilla salvum fácere
Totum mundum quit ab omni scélere.

7. Jesu, quem velátum nunc aspício,
Oro fiat illud quod tam sítio:
Ut te reveláta cernens fácie,
Visu sim beátus tuæ glóriæ. Amen.

Pange Lingua

1. Canta oh lengua el misterio glorioso:
la preciosa sangre y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen Rey del universo,
por salvar al mundo, dio su sangre en precio.

2. Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo
de una casta Virgen, y acabado el tiempo,
tras haber sembrado la palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.

3. Fue en la última cena —ágape fraterno—,
tras comer la Pascua según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.

4. La Palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y, aunque no entendemos,
basta fe si existe corazón sincero.

1. Pange, lingua, gloriósi Córporis mystérium,
Sánguinisque pretiósi, quem in mundi prétium,
Fructus ventris generósi Rex effúdit géntium.

2. Nobis datus, nobis natus ex intacta Vírgine,
Et in mundo conversátus, sparso Verbi sémine,
Sui moras incolátus miro cláusit órdine.

3. In suprémæ nocte cenæ recúmbens cum frátribus,
Observáta lege plene, cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodénæ se dat suis mánibus.

4. Verbum caro, panem verum Verbo carnem éfficit:
Fitque sanguis Christi mérum, et, si sensus déficit,
Ad firmándum cor sincérum sola fides sufficit.

Tantum Ergo

5. Adorad postrados este Sacramento.
Cesa el viejo rito, se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento:
que la fe lo supla con asentimiento.

6. Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
por igual la gloria y el poder y el reino
al eterno Padre con el Hijo eterno
y el divino Espíritu que procede de ellos. Amén.

5. Tantum ergo Sacraméntum venerémur cérnui,
Et antiquum documéntum novo cédat rítui;
Præstet fides suppleméntum sénsuum deféctui.

6. Genitóri, Genitóque laus et iubilátio,
Salus, honor, virtus quoque sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amen.

Adoración a la Santísima Eucaristía

A ti, Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, presente aquí en la Santa Eucaristía, humildemente arrodillado, te adoro, unido espiritualmente a los fieles de la tierra y a los Santos del cielo; y, agradecido en mi interior por tantos beneficios, a Ti, Jesús, infinitamente perfecto e infinitamente amable, te amo de todo corazón.

Concédeme la gracia de que de ningún modo te ofenda, y que, recreado con tu presencia eucarística aquí en la tierra, por la intercesión de María, merezca llegar a tu eterna y bienaventurada presencia en los cielos. Amén

Oración de San Alfonso M.ª de Ligorio

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor; esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el Sacramento del altar. Te adoro desde mi poquedad y te doy gracias por todas las gracias que me has concedido, y especialmente por haberte dado Tú mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en este oratorio.

Adoro tu Santísimo Corazón por tres motivos: en acción de gracias por este insigne beneficio; para resarcirte de todas las injurias que sufres en este sacramento; y, finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde se te trate con menos culto y más abandono.

Me pesa el haber ofendido tantas veces a tu divina bondad en mi vida pasada. Propongo, con tu gracia, no ofenderte más en adelante, y por miserable que sea, me consagro enteramente a Ti, renuncio a mi voluntad y te la entrego por completo, con mis afectos, deseos y todas mis cosas.

De hoy en adelante haz de mí, Señor, todo lo que te agrade. Yo solamente quiero y te pido tu santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de tu santa voluntad.

Te encomiendo las almas del Purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. Te pido también por todos los pecadores.

Finalmente, amadísimo Salvador mío, uno todos mis afectos y deseos a los de tu corazón amorosísimo, y así unidos, los ofrezco a tu eterno Padre y le suplico, en nombre tuyo, que, por tu amor, los acepte y escuche. Amén

Letanías al Santísimo Sacramento

Señor, ten piedad. [Se repite]
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad...
Dios, Espíritu Santo, ten piedad...
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad...

(A cada invocación: Ten piedad de nosotros)

    Pan vivo, que bajaste del cielo,
    Dios escondido, y Salvador,
    Trigo de los elegidos,
    Hostia santa,
    Hostia viva,
    Hostia que agradas a Dios,
    Comida de Ángeles,
    Maná escondido,
    Ofrenda limpia,
    Sacrificio perpetuo,
    Cordero sin mancha,
    Mesa purísima,
    Comida y banquete,
    Cáliz de bendición,
    Oferente y oblación,
    Misterio de fe,
    Sacramento de piedad,
    Vínculo de caridad,
    Memoria de las maravillas de Dios,
    Pan de cada día,
    Sacrificio incruento,
    Sacrosanto y augustísimo misterio,
    Remedio divino de la inmortalidad,
    Instumento poderosísimo de las gracias,
    Sacramento excelso y venerable,
    Sacrificio santísimo de todos,
    Verbo hecho carne, que habitas entre nosotros,
    Antídoto celestial, que nos preserva del pecado,
    Conmemoración santísima de la Pasión del Señor,
    Milagro que asombra sobre todas las cosas,
    Don que trasciende toda plenitud,
    Memorial del amor divino,
    Tesoro infinito de las riquezas de Dios,
    Asombroso y vivífico Sacramento,
    Descanso de las almas santas,
    Dulcísimo convite que sirven los Ángeles,
    Sacrificio propiciatorio por vivos y muertos,
    Viático de los que mueren en el Señor,
    Prenda de la futura gloria,

(A cada invocación: Líbranos, Señor)

    Sé propicio,
    De la indigna comunión de tu Cuerpo y Sangre,
    De la concupiscencia de la carne,
    De la concupiscencia de los ojos,
    De la soberbia de la vida,
    De toda ocasión de pecado,
    Por tu ardiente deseo por el que quisiste comer esta Pascua con tus discípulos,
    Por la profunda humildad con que lavaste los pies a tus discípulos,
    Por la ardentísima caridad con que instituiste este Divino Sacramento,
    Por tu preciosa Sangre que nos dejaste en el altar,
    Por las cinco Llagas de su sacratísimo Cuerpo que recibiste por nosotros,

(A cada invocación: Líbranos, Señor)

    Pobres pecadores, R/. te rogamos, escúchanos, Señor
    Para que te dignes aumentar y conservar en nosotros la fe, la reverencia y la devoción a este admirable Sacramento,
    Para que te dignes conducirnos al frecuente uso de la Eucaristía mediante la verdadera confesión de los pecados,
    Para que te dignes librarnos de toda herejía, perfidia y ceguera de corazón,
    Para que tengas a bien concedernos los preciosos y celestiales frutos de este Santísimo Sacramento,
    Para que a la hora de nuestra muerte te dignes confortarnos y fortalecernos con este Viático celestial,
    Jesús, Hijo de Dios,

Cristo, óyenos.[Se repite]
Cristo, escúchanos.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.[Se repite]
Cristo, escúchanos.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Oración:Oh, Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

O salutáris Hóstia

Oh saludable Hostia,
que abres la puerta del cielo:
en los ataques del enemigo danos fuerza,
concédenos tu auxilio.

Al Señor Uno y Trino
se atribuye eterna gloria:
y Él vida sin término
nos otorgue en la Patria. Amén.

O sacrum convivium

Oh sagrado banquete en el que se recibe a Cristo:
se recuerda la memoria de su Pasión,
el alma se llena de gracia
y se nos da una prenda de la gloria futura.

¡Oh qué suave es, Señor, tu espíritu!,
que para demostrar tu dulzura a tus hijos,
dando el suavísimo pan del cielo,
a los hambrientos llenas de bienes,
y a los soberbios satisfechos dejas vacíos.

Alimento del pueblo peregrino

Himno del Congreso Eucarístico Nacional de Santiago de Compostela 1999

Alcemos hasta el sol de la Custodia
los latidos finales de un Milenio,
que anhelan claridad,
y en ágape común de Eucaristía,
enlace a las naciones el abrazo
de la fraternidad.
¡Cristo, luz de los pueblos,
irradia sobre el mundo tu verdad!

En la fuente perenne del Sagrario
mana la fe misterios
del racimo y la espiga;
por bíblicas veredas del Evangelio,
peregrinos sedientos
vamos hacia la vida.
¡Cristo, luz de los pueblos,
irradia sobre el mundo tu verdad!

Si el bautismo nos conforma con Cristo
para extender el reino
del Amor entre hermanos,
sentemos a la Mesa de la Vida,
compartiendo alimento,
pobres y marginados.
¡Cristo, luz de los pueblos,
irradia sobre el mundo tu verdad!

El Espíritu Santo es el que alienta
la fe que nos congrega
y el amor que nos une;
testigos así somos del Evangelio,
que libera y que salva
a los hombres que sufren.
¡Cristo, luz de los pueblos,
irradia sobre el mundo tu verdad!

Altar de Dios

Himno de la Liturgia de las Horas

Altar de Dios: el centro de la vida
con el Señor en medio de su pueblo,
mesa del pan que a todos nos convida
a reunirnos en un mundo nuevo.

Altar de Dios: la fuente de aguas vivas
para saciar la sed del universo:
Que todos sean uno en Jesucristo,
la oración del Señor, su testamento.

Pueblo de Dios, escucha su palabra,
que está el Señor presente entre los hombres;
pueblo de Dios, camino de la patria,
convoca a la unidad a las naciones.

Venid a la asamblea, de Dios es la llamada,
que nadie quede fuera, de todos es la casa.
Miembros de Cristo fieles, y de su amor testigos,
pueblo de Dios, de paz sediento y peregrino.

Pueblo de Dios, escucha su palabra,
que está el Señor presente entre los hombres;
pueblo de Dios, camino de la patria,
convoca a la unidad a las naciones.

De rodillas, Señor, ante el sagrario

José Mª Pemán. Himno del Congreso Eucarístico internacional de Barcelona 1952

De rodillas, Señor, ante el sagrario,
que guarda cuanto queda de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo,
para que nos las cambies en frutos de verdad.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.

Como ciervos sedientos que van hacia la fuente,
vamos hacia tu encuentro sabiendo que vendrás;
porque el que la busca es porque ya en la frente
lleva un beso de paz, lleva un beso de paz.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.

Como estás, mi Señor, en la custodia
igual que la palmera que alegra el arenal,
queremos que en el centro de la vida,
reine sobre las cosas tu ardiente caridad.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.

Esta es mi sangre

Esta es mi Sangre,
ofrenda de la tarde:
¡oh gran Misterio!
Este es mi Cuerpo:
cual víctima me entrego:
¡oh gran Misterio!
Te adoro, Carne,
Pan de hombres y de ángeles:
¡oh gran Misterio!
Hacedlo en mi memoria
hasta el tiempo sin horas:
¡oh gran Misterio!
Como víctima única,
mi Carne, Alianza fúlgida:
¡oh gran Misterio!
¿No prolongas tu muerte
por darnos vida siempre?
¡oh gran Misterio!
Si contigo en el Gólgota,
contigo en la victoria:
¡oh gran Misterio! Amén.

Jesús, amor de las almas

Jesús, amor de las almas,
compañero en las jornadas:
tan cercano y asequible
que en mí tienes tu morada.
Encarnado como Hombre,
tu divinidad ocultas,
y al hacerte Eucaristía,
por completo te despojas.
En tu presencia se rinden
todos los celestes coros,
y en la tierra no se aprecia
que te quedes con nosotros.
De tu costado nacida,
en la Iglesia sigues vivo:
con tu gracia y sacramentos
das la vida al redimido.
Jesucristo, León fuerte
y Cordero obediente;
en tu Corazón conforten
su valor las almas débiles.
Por el Padre coronado,
el Señor de tierra y cielo
nos envíe su Paráclito
que nos guíe al Reino eterno.
Amén

15 minutos en compañía de Jesus Sacramentado

San Alfonso María de Ligorio

No es menester, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames con fervor. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, o a tu madre, o a tu hermano.
I. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?

Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos: dime al punto qué quisieras hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por toda una palabra de amigo, entrañable y fervorosa. Recuérdame que prometí escuchar toda súplica salida del corazón, ¿y no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón ama especialmente?

II. Y para ti ¿no necesitas alguna gracia?

Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez, egoísta, inconsciente, negligente... y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad..., y poco a poco se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios, todo eso puedo darlo, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación.

Por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer en tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué quieres haga por tu hermano, hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer por ellos?

¿Y por mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho y que viven quizá olvidados de mí? Dime qué cosa solicita hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y Yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.

III. ¿Sientes acaso tristeza o mal humor?

Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Cuéntamelo todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías que, no por ser infundadas, dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi Providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.

IV. ¿Andas con alguna alegría que comunicarme?

¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo? Cuéntame lo que, desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá viste disipados negros recelos, quizá recibiste faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como hijo a su padre: ¡Gracias, Padre mío, gracias! El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.

V. ¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme?

Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a la ocasión aquella de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que avivó tu imaginación? ¿De no tratar más a la persona que turbó la paz de tu alma? ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado como enemiga?

Ahora bien, hijo mío: vuelve a tus ocupaciones habituales; al taller, a la familia, al estudio...; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda en cuanto puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón hallarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, consuelos nuevos.

A tus pies

Del cardenal Rafael Merry del Val (S. XX)

A tus pies, ¡oh mi Jesús!,
Me postro y te ofrezco
El arrepentimiento de mi corazón contrito,
Que se hunde en la nada ante tu santísima presencia.

Yo te adoro en el Sacramento de tu amor,
La inefable Eucaristía,
Y deseo recibirte en la pobre morada
Que te ofrece el alma mía.

Esperando la felicidad de la comunión sacramental,
Yo quiero poseerte en espíritu.

Ven a mí, puesto que yo voy a ti,
¡oh Jesús mío!,
Y que Tu amor inflame todo mi ser
En la vida y en la muerte.

Creo en Ti
y espero en Ti.
Amén.

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