Textos y oraciones varias
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A ti acudo, Jesús
A ti acudo, Jesús. Tú eres el camino por el cual quiero andar, obediente a tus mandatos, consejos y ejemplos. Y seguirte por la senda de la obediencia, la renuncia y el sacrificio, que a Ti conduce en el cielo. Jesús, Tú eres la verdad: Tú eres la luz verdadera, que ilumina a todo hombre venido a este mundo. Creo en Ti, y creo en tu Evangelio. Haz que te conozca y que te ame. Jesús, Tú eres la vida: por tu gracia santificante, que es la vida de nuestras almas; por tus palabras, que son palabras de vida eterna; por tu Eucaristía, que es el pan vivo que desciende del cielo; por tu Corazón, que es fuente de vida para cada alma y para la sociedad. Toda mi alma se adhiere a tu Palabra; tengo hambre del pan vivo de tu Eucaristía; abro por completo mi corazón a las vivíficas efusiones de tu Corazón, me uno íntimamente a toda tu voluntad. Que tu divino Corazón reine sobre todos los hijos del género humano reunidos en la Iglesia. Amén.
A Jesús Crucificado
Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte, mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.” Amén.
Oración al Cristo del Calvario
En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la Cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas las dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido, no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta.
Ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.
Oración por la paz (Papa Francisco)
Señor Jesús, adoramos tu cruz, que nos libra del pecado, origen de toda división y de todo mal, anunciamos tu resurrección, que rescata al hombre de la esclavitud del fracaso y de la muerte, esperamos tu venida gloriosa, que realiza el cumplimiento de tu reino de justicia, de gozo y de paz.
Señor Jesús, por tu gloriosa pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo, por el poder de tu resurrección, arranca de su condición a las víctimas de la injusticia y de la opresión, por la fidelidad de tu venida, confunde a la cultura de la muerte y haz brillar el triunfo de la vida.
Señor Jesús, une a tu cruz los sufrimientos de tantas víctimas inocentes: los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos; envuelve con la luz de la Pascua a quienes se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad; haz experimentar la estabilidad de tu reino a quienes viven en la incertidumbre: los exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida.
Señor Jesús, extiende la sombra de tu cruz sobre los pueblos en guerra: que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz experimentar el gozo de tu resurrección a los pueblos desfallecidos por las bombas; reúne bajo la dulzura de tu realeza a tus hijos dispersos; sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor.
Virgen María, reina de la paz, tú que estuviste al pie de la cruz, alcánzanos de tu Hijo el perdón de nuestros pecados, tú que nunca dudaste de la victoria de la resurrección, sostén nuestra fe y nuestra esperanza, tú que has sido constituida reina en la gloria, enséñanos la majestad del servicio y la gloria del amor. Amén.
Oración de por la Paz (Papa León XIV)
Señor de la vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción. Tú que saludaste a tus discípulos diciendo, La paz esté con vosotros, concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia.
Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia. Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Señor, ilumina a los líderes de las naciones para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista y poner en el centro la vida de los más vulnerables. Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.
Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades. Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo. Amén.
Oración de por la Paz (San Juan Pablo II)
Dios de infinita misericordia y bondad,
Con corazón agradecido te invocamos hoy en esta Tierra que en otros tiempos
Recorrió San Pablo.
Proclamó a las naciones la verdad de que en
Cristo Dios reconcilió al mundo consigo. Que tu
Voz resuene en el corazón
De todos los hombres y mujeres,
Cuando los llames a seguir
El camino de reconciliación y paz,
Y a ser misericordiosos como tú.
Señor, tú diriges palabras de paz
A tu pueblo y a todos
Los que se convierten a ti de corazón.
Te pedimos por los pueblos de
Oriente Próximo.
Ayúdales a derribar las barreras
De la hostilidad y de la división
Y a construir juntos un mundo
De justicia y solidaridad.
Señor, tú creas cielos nuevos
Y una tierra nueva.
Te encomendamos a los jóvenes
De estas tierras.
En su corazón aspiran
A un futuro más luminoso;
Fortalece su decisión de ser hombres
Y mujeres de paz y heraldos
De una nueva esperanza para sus pueblos.
Padre, tú haces germinar
La justicia en la tierra.
Te pedimos por las autoridades civiles
De esta región,
Para que se esfuercen por satisfacer
Las justas aspiraciones de sus pueblos
Y eduquen a los jóvenes
En la justicia y en la paz.
Impúlsalos a trabajar generosamente
Por el bien común y a respetar
La dignidad inalienable de toda persona
Y los derechos fundamentales que derivan de la
Imagen y semejanza del Creador
Impresa en todo ser humano.
Te pedimos de modo especial
Por las autoridades de
Esta noble tierra de Siria.
Concédeles sabiduría, clarividencia
Y perseverancia;
No permitas que se desanimen
En su ardua tarea de construir
La paz duradera,
Que anhelan todos los pueblos.
Padre celestial, en este lugar
Donde se produjo la conversión
Del apóstol San Pablo,
Te pedimos por todos los que creen
En el evangelio de Jesucristo.
Guía sus pasos en la verdad y en el amor.
Haz que sean uno, como tú eres uno
Con el Hijo y el Espíritu Santo.
Que testimonien la paz que supera todo
Conocimiento y la luz que triunfa
Sobre las tinieblas de la hostilidad,
Del pecado y de la muerte.
Señor del cielo y de la tierra,
Creador de la única familia humana,
Te pedimos por los seguidores
De todas las religiones.
Que busquen tu voluntad en la oración
Y en la pureza del corazón,
Y te adoren y glorifiquen tu santo nombre.
Ayúdales a encontrar en ti la fuerza
Para superar el miedo y la desconfianza, para que
Crezca la amistad
Y vivan juntos en armonía.
Padre misericordioso,
Que todos los creyentes encuentren
La valentía de perdonarse unos a otros,
A fin de que se curen las heridas del pasado y no
Sean un pretexto
Para nuevos sufrimientos en el presente.
Concédenos que esto se realice
Sobre todo en Tierra Santa,
Esta tierra que bendijiste
Con tantos signos de tu Providencia
Y donde te revelaste como Dios de amor.
A la Madre de Jesús,
La bienaventurada siempre Virgen María,
Le encomendamos a los hombres
Y a las mujeres que viven en la tierra
Donde vivió Jesús.
Que, al seguir su ejemplo,
Escuchen la palabra de Dios
Y tengan respeto y compasión
Por los demás, especialmente
Por los que son diversos de ellos.
Que, con un solo corazón y una sola mente,
Trabajen para que todo el mundo sea
Una verdadera casa para todos sus pueblos.
¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!
Amén.
Oración de por la Paz (San Pablo VI)
Señor, Dios de la paz, Tu que creaste a los hombres para ser herederos de tu gloria. Te bendecimos y agradecemos porque nos enviaste a Jesús, tu hijo muy amado. Tu hiciste de él, en el misterio de su Pascua, el realizador de nuestra salvación, la fuente de toda paz, el lazo de toda fraternidad. Te agradecemos por los deseos, esfuerzos y realizaciones que tu Espíritu de paz suscitó en nuestros días, para sustituir el odio por el amor, la desconfianza por la comprensión, la indiferencia por la solidaridad. Abre todavía mas nuestro espíritu y nuestro corazón para las exigencias concretas del amor a todos nuestros hermanos, para que seamos, cada vez mas, artífices de la PAZ. Acuérdate, oh Padre, de todos los que luchan, sufren y mueren para el nacimiento de un mundo mas fraterno. Que para los hombres de todas las razas y lenguas venga tu Reino de justicia, paz y amor. Amen.
Soneto a Jesús Crucificado
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una Cruz y escarnecido. Muéveme ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus afrentas y tu muerte; muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
La coraza de San Patricio
Cristo conmigo,
Cristo ante mí,
Cristo tras de mí,
Cristo en mí,
Cristo bajo mí,
Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Oración a la Sagrada Familia
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en paz con Vos el alma mía.
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar;
ser comprendido, cuanto comprender;
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Pastor que con tus silbos amorosos (Lope de Vega)
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados;
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?
Oración por el Papa
℣. Oremos por nuestro Pontífice (N)
℟. Que el Señor le conserve, y le dé vida, y le haga santo en la tierra, y no le entregue a la voluntad de sus enemigos.
℣. Tú eres Pedro,
℟. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Oremos:
Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira lleno de bondad a tu siervo, el Papa (N), a quien quisiste colocar al frente de tu Iglesia como pastor. Concédele, te pedimos, la gracia de hacer, por sus palabras y por su ejemplo, que progresen en la virtud aquellos a quienes él preside, y llegue, con el rebaño que le fue confiado, a la vida eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
℣. Oremus pro Pontifice nostro (N)
℟. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.
℣. Tu es Petrus,
℟. Et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam.
Oremus:
Deus, ómnium fidélium pastor et rector, famulum tuum (N), quem pastórem Ecclésiae tuae praeésse voluisti, propitius réspice: da ei, quaésumus, verbo et exémplo, quibus praeest, proficere, ut ad vitam, una cum grege sibi crédito, pervéniat sempiternam. Per Dominum nostrum Jesum Christum. Amen.
Oración por la Iglesia
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, vuélvete propicio al pueblo que clama a Ti. Y por la intercesión de la gloriosa e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, la de su Esposo, San José, la de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo y la de todos los Santos, escucha benigno y misericordioso las oraciones que te presentamos por la conversión de los pecadores y por la libertad y la exaltación de la Santa Madre Iglesia. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice: et intercedénte gloriósa et immaculáta Vírgine Dei Genetríce María cum beáto Ioseph eius Sponso, ac beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo et ómnibus Sanctis, quas pro conversione peccátorum, pro libertáte et exultatióne sanctae Matris Ecclésiae, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
Oración por la unidad de la Iglesia
Dios omnipotente y misericordioso, que por tu Hijo quisiste reunir en un solo pueblo a la diversidad de las gentes. Para que se glorifique el nombre cristiano, concede benignamente que desaparezca cualquier división, que todos estén unidos en la verdad y en la caridad, y que todos los hombres, iluminados con la luz de la verdadera fe, se reúnan en la fraternal comunión de la única Iglesia. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Omnípotens et miséricors Deus, qui diversitátem géntium in unum pópulum per Fílium tuum adunáre voluísti, concéde propítius ut qui christiáno nómine gloriántur, quálibet divisióne reiécta, unum sint in veritáte et caritáte, et omnes hómines, verae fídei lúmine illustráti, in unam Ecclésiam fratérna communióne convéniant. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
Oración por la unidad de los cristianos
Dios todopoderoso y eterno, Tú que reúnes a los que están dispersos y velas sobre todos los que has reunido, dirige tu mirada bondadosa sobre las ovejas del rebaño de tu Hijo, para que todos los que un mismo bautismo ha consagrado, permanezcan unidos ahora en la totalidad de la fe y en la unión de la caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración ante el sufrimiento (Mons. Antonio Ceballos)
A ti Señor, te escupieron, a ti, Señor, te insultaron, te azotaron, te clavaron en la cruz y siendo Dios, les perdonabas, callabas y aun te ofrecías. ¡Qué podré decir yo de tu pasión! Debo contentarme y amar profundamente el misterio de tu pasión ¡Qué dulce es tu cruz, Jesús mío! ¡Qué dulce es sufrir perdonando y amando!
Oración a San Juan Bautista
Sagrado precursor de Cristo, que, santificado en el vientre de vuestra madre, fuiste la admiración del mundo en el ejercicio de las virtudes y en los privilegios con que te enriqueció Dios. Ángel en la castidad, apóstol en el celo y predicación, y mártir en la constancia con que por reprender al incestuoso Herodes ofrecisteis la cabeza al cuchillo, y en las luces sobrenaturales de que te dotó el cielo, profeta del que llegó a decir el mismo Cristo: «Entre los nacidos de las mujeres ninguno mayor que Juan Bautista».
Suplica al Señor que: por tu penitencia me haga mortificado, por tu soledad, recogido, por tu silencio, callado, casto por tu virginidad, espiritual por tu contemplación, e invencible a mis pasiones por la victoria que tú alcanzaste de tus enemigos, para que logre verte en la patria eterna. Amén.
Al comenzar una etapa en una peregrinación
Que Dios bendiga nuestros pasos
y nos acompañe en todo momento.
Que Dios nos sorprenda en el camino
y nos hable
en los lugares que visitemos.
Que Dios nos abra
horizontes nuevos.
Que Dios nos inunde
de silencio, paz y admiración.
Que Dios nos haga oír
el susurro de su voz
en los rincones donde manifiesta su Amor.
Que Dios visite nuestros corazones
allí donde vayamos en esta peregrinación.
Que Dios nos proteja en el viaje
para que regresemos sanos y salvos,
enriquecidos, renovados y agradecidos
por todas las maravillas
que el Señor realiza
en favor de sus hijos.
Amén.
Oración Universal
Creo, Señor, haz que crea con más firmeza;
espero, haz que espere con más confianza;
amo, haz que ame con más ardor;
me arrepiento, haz que tenga mayor dolor.
Te adoro como primer principio;
te deseo como último fin;
te alabo como bienhechor perpetuo;
te invoco como defensor propicio.
Dirígeme con tu sabiduría,
átame con tu justicia,
consuélame con tu clemencia,
protégeme con tu poder.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos,
para que se dirijan a ti;
mis palabras,
para que hablen de ti;
mis obras,
para que sean tuyas,
mis contrariedades,
para que las lleve por ti.
Quiero lo que quieras,
quiero porque quieres,
quiero como lo quieres,
quiero hasta que quieras.
Señor, te pido que ilumines mi entendimiento,
inflames mi voluntad,
limpies mi corazón,
santifiques mi alma.
Que me aparte de mis pasadas iniquidades,
rechace las tentaciones futuras,
corrija las malas inclinaciones,
practique las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad,
amor a ti,
odio a mí,
celo por el prójimo
y desprecio a lo mundano.
Que sepa obedecer a los superiores,
ayudar a los inferiores,
aconsejar a los amigos
y perdonar a los enemigos.
Que venza la sensualidad con la mortificación,
la avaricia con la generosidad,
la ira con la bondad,
la tibieza con la piedad.
Hazme prudente en los consejos,
constante en los peligros,
paciente en las contrariedades,
humilde en la prosperidad.
Señor, hazme atento en la oración,
sobrio en la comida,
constante en el trabajo,
firme en los propósitos.
Que procure tener inocencia interior,
modestia exterior,
conversación ejemplar
y vida ordenada.
Haz que esté atento a dominar mi naturaleza,
a fomentar la gracia,
servir a tu ley
y a obtener la salvación.
Que aprenda de ti qué poco es lo terreno,
qué grande lo divino,
qué breve el tiempo,
qué durable lo eterno.
Concédeme preparar la muerte,
temer el juicio,
evitar el infierno
y alcanzar el paraíso.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Te Deum
A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas, el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios, en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié: no me veré defraudado para siempre.
℣. Bendito eres Señor en lo más alto del cielo
℟. Y digno de alabanza, y glorioso y ensalzado por todos los siglos.
℣. Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu Santo.
℟. Alabémosle y ensalcémosle sobre todas las cosas por los siglos.
℣. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
℟. Y digno de alabanza, y glorioso por los siglos.
℣. Bendice, alma mía, al Señor.
℟. Y nunca olvides sus muchos beneficios.
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
(Los sacerdotes añaden: ℣. El Señor esté con vosotros. ℟. Y con tu espíritu).
Oración:
Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable, te damos gracias por los beneficios que nos has concedido, implorando de tu bondad que no abandones a quienes has escuchado y que nos dispongas para los bienes futuros.
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. ℟. Amén.
Letanías de la Humildad (Cardenal Merry del Val)
¡Jesús, manso y humilde de corazón! ¡Escúchame!
(A cada invocación: Líbrame, Jesús)
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser elogiado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aplaudido,
Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprochado,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de ser injuriado,
Del temor de que sospechen de mí,
Del disgusto de que no se siga mi opinión.
(A cada invocación: ¡Haz, Jesús, que lo desee!)
Que los demás sean estimados,
Que los demás crezcan en la opinión del mundo,
Que los demás sean llamados a ocupar cargos,
Que los demás sean alabados,
Que los demás sean preferidos a mí.
Oremos:
Oh, Jesús, que, siendo Dios, te has humillado hasta la muerte de cruz para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio; concédenos aprender y practicar tu ejemplo para que, humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.
Letanía de los Santos
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Se repite
Dios Padre celestial
Dios Hijo, redentor del mundo
Dios Espíritu Santo
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios
Ten misericordia de nosotros
Santa María
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las vírgenes
Santos Miguel, Gabriel y Rafael
Santos ángeles
San Abrahán
San Moisés
San Elías
San Juan Bautista
San José
Santos patriarcas y profetas,
Santos Pedro y Pablo
San Andrés
Santos Juan y Santiago
Santo Tomás
San Mateo
Santos Apóstoles
San Lucas
San Marcos
San Bernabé
Santa María Magdalena
Santos discípulos del Señor
San Esteban
San Ignacio de Antioquía
San Policarpo
San Justino
San Lorenzo
San Cipriano
San Bonifacio
San Pablo Miki
Santo Tomás Becket
Santos Juan Fisher y Tomás Moro
San Estanislao
Santos Isaac Jogues y Juan de Brébeuf
San Pedro Chanel
San Carlos Lwanga
Santos Servando y Germán
San Daniel y compañeros
Santas Perpetua y Felicidad
Santa Inés
Santa María Goretti
Santos mártires
Santos León y Gregorio
San Ambrosio
San Jerónimo
San Agustín
San Atanasio
Santos Basilio y Gregorio Nacianceno
San Juan Crisóstomo
San Martín
San Patricio
Santos Cirilo y Metodio
San Carlos Borromeo
San Francisco de Sales
San Pío X
San Antonio
San Benito
San Bernardo
Santos Francisco y Domingo
Santo Tomás de Aquino
San Ignacio de Loyola
San Francisco Javier
San Vicente de Paúl
San Juan María Vianney
San Juan Bosco
San Josemaría Escrivá
San Juan Pablo II
San Luis
Santa Catalina de Siena
Santa Teresa de Jesús
Santa Rosa de Lima
Santa Isabel de Hungría
Santa Ángela de la Cruz
Santa Mónica
Santa Teresa del Niño Jesús
Beato diego José de Cádiz
Beato Marcelo Spínola
Santos y santas de Dios
Ruega por nosotros
Muéstrate propicio
De todo mal,
De todo pecado
De los engaños del diablo
De la ira, del odio y de toda mala voluntad
De la muerte eterna
Por tu encarnación
Por tu natividad
Por tu bautismo y por tu santo ayuno
Por tu cruz y tu pasión
Por tu muerte y tu sepultura
Por tu santa resurrección
Por tu admirable ascensión
Por la efusión del Espíritu Santo
Por tu glorioso advenimiento
Líbranos, Señor
Nosotros que somos pecadores
Para que nos perdones
Para que nos guíes a la verdadera penitencia
Para que nos fortalezcas y asistas en tu santo servicio
Para que recompenses a todos nuestros bienhechores con los bienes eternos
Para que nos des y conserves los frutos de la tierra
Para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia
Para que asistas al papa y a todos los miembros del clero en tu servicio santo
Para que concedas la unidad a todos los que creen en Cristo
Para que conduzcas a todos los hombres a la luz del Evangelio
Te rogamos, óyenos
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Se repite
Oración:
Oh, Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Matrimonio y familia
Familia
A las familias (San Juan Pablo II)
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, «nacido de Mujer», y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu santo. Amén.
A las familias
Jesús, María y José́
En vosotros contemplamos
El esplendor del verdadero amor,
A vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
Haz también de nuestras familias
Lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio
Y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
Que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
Que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
Haz tomar conciencia a todos
Del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José́,
Escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.
Por un hijo
Sagrado Corazón de Jesús
a ti te confiamos a nuestro hijo NN.
Cuídalo tú cuando nosotros no llegamos,
protégelo tú cuando nosotros no podemos,
ayúdale cuando sufra,
sé tú su consuelo.
Sagrado Corazón de Jesús
a ti te lo entregamos.
Cuando se pierda y se ponga en peligro,
recuerda nuestras palabras:
Sagrado Corazón de Jesús
¡ocúpate tú!
Y si él no sabe buscarte
o no puede encontrarte
nunca de él te alejes,
guía su camino para que regrese.
Pase lo que pase guárdalo en tu corazón
y ayúdalo a llevar a cabo la misión
que Dios Padre para él pensó.
Jesús, que nunca se sienta ni solo
ni perdido, porque en tu Sagrado Corazón
lo tienes escondido. Amén.
Esposos
Por los esposos (I)
Señor:
Haz de nuestro hogar un sitio de tu amor.
Que no haya injuria, porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura, porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo, porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor, porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono, porque Tú estás con nosotros
.
Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir, una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos lo que Tú anhelas:
Ayúdanos a educarles y orientarles por el camino.
Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro
Nos concedas el hallarnos unidos para siempre en Ti. Amén
Por los esposos (II)
Señor, Padre Santo, Dios omnipotente y eterno, te damos gracias y bendecimos tu santo nombre: tú has creado al hombre y a la mujer para que el uno sea para el otro ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros. Protégenos y concédenos que nuestro amor sea entrega y don, a imagen de Cristo y de la Iglesia. Ayúdanos a mantenernos fieles y a que el perdón esté siempre presente entre nosotros. Ilumínanos y fortalécenos en la tarea de la formación de nuestros hijos, para transmitirles la fe y que sean auténticos cristianos. Haz que vivamos juntos largo tiempo, en alegría y paz, nos amemos sin reservas en la salud y en la enfermedad, en la juventud y en la vejez, en la abundancia y en la pobreza. Que nuestros corazones puedan elevar siempre hacia ti, por medio de tu Hijo en el Espíritu Santo, la alabanza y la acción de gracias. Amén.
Por los esposos (San Pablo VI)
Oh Señor,
en mi corazón se ha encendido el amor por una criatura
que también Tú conoces y amas.
Tú nos has hecho encontrarnos el uno al otro
para que no permaneciéramos solos.
Oh divino Espíritu,
te doy gracias por este don
que me llena de una alegría profunda,
me hace semejante a Ti, que eres el amor,
y me hace comprender el valor de la vida que Tú me has dado.
Haz que no desperdicie esta inmensa riqueza
que Tú has puesto en mi corazón;
enséñame que el amor es un don
y no puede mezclarse con ningún egoísmo.
Te ruego, Señor,
por quien me espera y me piensa,
por quien ha puesto en mí su porvenir,
por quien estará a mi lado toda la vida:
haznos dignos el uno del otro,
haz que seamos el uno para el otro ejemplo y ayuda. Amén.
Novios
Oración de los novios a la Virgen María (I)
Madre Nuestra:
En tu nombre hemos unido nuestros corazones.
Queremos que presidas nuestro amor,
que defiendas, conserves y aumentes nuestra ilusión.
Quita de nuestro camino cualquier obstáculo
que haga nacer la sombra o las dudas entre nosotros.
Apártanos del egoísmo que paraliza el verdadero amor
y concédenos la fuerza para una entrega mutua verdadera.
Ayúdanos a mantener un noviazgo casto
y acompáñanos en la tarea de discernir cuál es la voluntad de Dios para nosotros.
Haz que podamos ver a tu hijo Jesús el uno en el otro
y seamos templos vivos del Espíritu Santo.
Ayúdanos en nuestra preparación al matrimonio,
entendiendo su grandeza y la responsabilidad que conlleva.
Conserva la salud de nuestros cuerpos,
ayúdanos a resolver las necesidades materiales,
y haz que el sueño de un hogar nuevo y de unos hijos nacidos de nuestro amor, sean realidad.
Madre, acompáñanos siempre y llévanos en tu corazón. Amén.
Oración de los novios a la Virgen María (II)
María Virgen Inmaculada, Madre dulcísima,
a Ti dirigimos nuestra oración como dos corazones
que desean vivir un amor verdadero y puro.
Tú que conociste la belleza de la espera
y la alegría de la entrega, custodia nuestro camino de novios
con tu materna protección.
Haznos capaces de amarnos sin reservas,
en la escucha mutua y en el respeto profundo.
Haz que nuestro amor crezca cada día en la pureza
y se fortalezca en la confianza.
Ayúdanos a mirarnos con los ojos de la fe,
acogiendo las fragilidades y guiándonos hacia la plena unidad.
Acompáñanos, oh Madre, hacia el Sacramento del Matrimonio,
para que nuestro “sí” sea expresión de entrega total
y refleje tu generosa entrega a Dios.
María, Reina del amor puro, enséñanos a amarnos
como tu Hijo nos ha enseñado, para que, unidos en Su nombre,
podamos edificar juntos una familia abierta a la vida,
fiel y alegre en el don. Amén.