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Textos y oraciones varias

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Índice de Preces

Oración a Cristo (San Pablo VI)

Oh, Cristo, único mediador nuestro:

Te necesitamos para entrar en comunión con Dios Padre, para llegar a ser hijos adoptivos suyos contigo que eres su Hijo único y Señor nuestro; para ser regenerados en el Espíritu Santo.

Te necesitamos, oh único y auténtico maestro de las verdades recónditas e indispensables de la vida, para conocer nuestro ser y nuestro destino, así como el camino para alcanzarlo.

Te necesitamos, oh Redentor nuestro, para descubrir nuestra miseria y remediar; para tener el concepto del bien y del mal, y la esperanza de la santidad: para deplorar nuestros pecados y obtener el perdón.

Te necesitamos, oh hermano primogénito del género humano, para volver a encontrar las razones verdaderas de la fraternidad entre los hombres, los fundamentos de la justicia, los tesoros de la caridad y el sumo bien de la paz.

Te necesitamos, oh gran paciente de nuestros dolores, para conocer el significado del sufrimiento y para darle valor de expiación y de redención.

Te necesitamos, oh vencedor de la muerte, para librarnos de la desesperación y de la negación, y para tener certezas que no fallen jamás.

Te necesitamos, oh Cristo Señor, Dios-con-nosotros, para aprender el amor verdadero y caminar con el gozo y la fuerza de tu caridad a lo largo del camino de nuestra vida fatigosa, hasta el encuentro final contigo, amado, esperado, bendito por los siglos.

Tarde te amé (San Agustín)

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillante y resplandeciente, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

Oración para irradiar a Cristo (San John Henry Newman)

Amado Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de espíritu y vida.

Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya.

Brilla a través de mí, y mora en mí de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí, sino solamente a Ti, oh Señor.

Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú: a brillar para servir de luz a los demás a través de mí.

La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú quien ilumine a los demás a través de mí.

Permíteme, pues, alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean. Haz que predique sin predicar, no con palabras, sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.

Acto de abandono (San Carlos de Foucauld)

Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre. Amén.

¡Glorioso y gran Dios! (San Francisco de Asís)

¡Glorioso y gran Dios, mi Señor Jesucristo!

Tú que eres la luz del mundo, pon claridad, te suplico, en los abismos oscuros de mi espíritu. Dame tres regalos: la fe, firme como una espada; la esperanza, ancha como el mundo; el amor, profundo como el mar.

Además, mi querido Señor, te pido un favor más: que todas las mañanas, al rayar el alba, amanezca como un sol ante mi vista tu Santísima Voluntad para que yo camine siempre a su luz. Y ten piedad de mí, Jesús.

Oración para irradiar a Cristo (San John Henry Newman)

Amado Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de espíritu y vida.

Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya.

Brilla a través de mí, y mora en mí de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí, sino solamente a Ti, oh Señor.

Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú: a brillar para servir de luz a los demás a través de mí.

La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú quien ilumine a los demás a través de mí.

Permíteme, pues, alabarte de la manera que más te gusta: brillando para quienes me rodean. Haz que predique sin predicar, no con palabras, sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.

Oración de San Agustín

Señor Jesús, que me conozca a mí y que te conozca a Ti.

Que me odie a mí y te ame a Ti.
Que no desee otra cosa sino a Ti y que todo lo haga siempre por Ti.
Que me humille y que te exalte a Ti.
Que no piense nada más que en Ti.
Que me mortifique para vivir en Ti y que acepte todo como venido de Ti.
Que renuncie a lo mío y te siga solo a Ti.
Que siempre escoja seguirte a Ti.
Que huya de mí y me refugie en Ti, y que merezca ser protegido por Ti.
Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
Que sea contado entre los elegidos por Ti.
Que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti.
Y que obedezca a otros por amor a Ti.
Que a nada dé importancia sino tan solo a Ti.
Que quiera ser pobre por amor a Ti.

Mírame, para que sólo te ame a Ti.
Llámame, para que sólo te busque a Ti.
Y concédeme la gracia de gozar para siempre de Ti. Amén.

A ti acudo, Jesús

A ti acudo, Jesús. Tú eres el camino por el cual quiero andar, obediente a tus mandatos, consejos y ejemplos. Y seguirte por la senda de la obediencia, la renuncia y el sacrificio, que a Ti conduce en el cielo.

Jesús, Tú eres la verdad: Tú eres la luz verdadera, que ilumina a todo hombre venido a este mundo. Creo en Ti, y creo en tu Evangelio. Haz que te conozca y que te ame.

Jesús, Tú eres la vida: por tu gracia santificante, que es la vida de nuestras almas; por tus palabras, que son palabras de vida eterna; por tu Eucaristía, que es el pan vivo que desciende del cielo; por tu Corazón, que es fuente de vida para cada alma y para la sociedad.

Toda mi alma se adhiere a tu Palabra; tengo hambre del pan vivo de tu Eucaristía; abro por completo mi corazón a las vivíficas efusiones de tu Corazón, me uno íntimamente a toda tu voluntad. Que tu divino Corazón reine sobre todos los hijos del género humano reunidos en la Iglesia. Amén.

A Jesús Crucificado

Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte, mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.” Amén.

Oración al Cristo del Calvario

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la Cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas las dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido, no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta.
Ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Cántico de la Carta a los Filipenses (2, 6-11)

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Oración por la paz (Papa Francisco)

Señor Jesús, adoramos tu cruz, que nos libra del pecado, origen de toda división y de todo mal, anunciamos tu resurrección, que rescata al hombre de la esclavitud del fracaso y de la muerte, esperamos tu venida gloriosa, que realiza el cumplimiento de tu reino de justicia, de gozo y de paz.

Señor Jesús, por tu gloriosa pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo, por el poder de tu resurrección, arranca de su condición a las víctimas de la injusticia y de la opresión, por la fidelidad de tu venida, confunde a la cultura de la muerte y haz brillar el triunfo de la vida.

Señor Jesús, une a tu cruz los sufrimientos de tantas víctimas inocentes: los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos; envuelve con la luz de la Pascua a quienes se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad; haz experimentar la estabilidad de tu reino a quienes viven en la incertidumbre: los exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida.

Señor Jesús, extiende la sombra de tu cruz sobre los pueblos en guerra: que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz experimentar el gozo de tu resurrección a los pueblos desfallecidos por las bombas; reúne bajo la dulzura de tu realeza a tus hijos dispersos; sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor.

Virgen María, reina de la paz, tú que estuviste al pie de la cruz, alcánzanos de tu Hijo el perdón de nuestros pecados, tú que nunca dudaste de la victoria de la resurrección, sostén nuestra fe y nuestra esperanza, tú que has sido constituida reina en la gloria, enséñanos la majestad del servicio y la gloria del amor. Amén.

Soneto a Jesús Crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte,

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Himno a la Cruz (Beato Marcelo Spínola)

La Cruz.

A la Cruz tornan sus miradas en estos días los verdaderos cristianos. La Cruz, en efecto, destila amor. Fruto suyo ha sido la Redención del mundo, la obra más estupenda del amor. De ella ha brotado la Eucaristía, continuación de la Encarnación del Verbo y de la Redención, es decir, de las más altas empresas del amor. A sus pies, en fin, hemos encontrado los mortales una Madre, que es la más sublime fórmula del amor tierno y generoso.

La Cruz irradia luz mucho más clara que la del sol y más difusa y expansiva que toda otra luz, pues merced a la claridad, que derrama en todas las direcciones, vemos a Dios tan grande en su justicia, como en sus misericordias, sin que por lo mismo inspire temores, que conturba, ni confianza temeraria, que se olvide del peligro y se exponga a caer en él; vemos los abismos, de que la mano de Cristo nos ha sacado. [...]

La Cruz es nuestro aliento, pues se alza entre la tierra y el cielo, al modo de la escala de Jacob. [...]

La Cruz es nuestra fuerza. A su tronco y a sus brazos nos asimos cuando sopla el huracán de las persecuciones, de la tentación y de la prueba, y mientras caen otros a nuestro lado, los que buscamos apoyo en la Cruz, nos mantenemos firmes.

La Cruz es nuestra esperanza, nuestra paz, nuestra alegría. ¿Por qué tendrán los hombres tanto horror a la Cruz? [...]

¡Bendita la Cruz, a cuyo pie se descansa verdaderamente, porque no hay sombras, que no derrame luz del cielo, penas y heridas del corazón sobre las que no caiga dulce bálsamo, fiebres de pasiones no templadas por las brisas suaves de la eternidad, alegrías que no sean sólidas y duraderas!

¡Bendita la Cruz! Vuelva a aparecer enhiesta en todas partes, y la regeneración, con la que tantos sueñan, será un hecho.

La coraza de San Patricio

Cristo conmigo, Cristo ante mí,
Cristo tras de mí, Cristo en mí,
Cristo bajo mí, Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto, Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en paz con Vos el alma mía.

Acto de Fe

Creo en Dios Padre.
Creo en Dios Hijo.
Creo en Dios Espíritu Santo.
Creo en la Santísima Trinidad.
Creo en mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Acto de Esperanza

Espero en Dios Padre.
Espero en Dios Hijo.
Espero en Dios Espíritu Santo.
Espero en la Santísima Trinidad.
Espero en mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Acto de Caridad

Amo a Dios Padre.
Amo a Dios Hijo.
Amo a Dios Espíritu Santo.
Amo a la Santísima Trinidad.
Amo a mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
Amo a María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra,
y amo a mi prójimo como a mí mismo.

Oración para amar a Dios (San Alfonso Mª de Ligorio)

Señor, tú eres toda bondad y mereces ser amado por todos. ¿Qué sientes al ver que aquellos a quienes has llenado de tus dones rechazan tu amor y te ofenden?

¡Oh, Dios y Señor mío!
Hazte conocer y amar: “Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino” (Mt 6, 9-10).
Que tu nombre sea de todos amado y adorado.
Que tu amor llene todos los corazones.

Escucha mi oración, y que tu misericordia me conceda lo que te pido.

Acto de entrega de la voluntad a Dios (San Alfonso Mª de Ligorio)

Mi Dios y mi todo: Tú eres mi vida y sólo te necesito a Ti.
Te entrego mi voluntad, y, si no sé hacerlo, enséñame Tú.
¿A quién voy a amar sino a Ti, que has muerto por mí?

Puesto que eres mi Redentor, sálvame de mis pecados y hazme seguir tus huellas.
Úneme a tu amor y haz que nunca me separe de Ti.
Quiero entregarme por entero a Ti, Tú eres todo para mí.

Ya que me has llamado, dame fuerza para agradarte y acaba la obra que iniciaste.
No permitas que nunca te sea infiel.
Jesús, bien mío, yo te quiero y me entrego a Ti.
Haz de mí lo que quieras.

Te seguimos, Señor Jesús (San Agustín)

Te seguimos, Señor Jesús.
Pero para que te sigamos, llámanos,
porque sin Ti nadie avanza.
Que sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Recíbenos como un camino acogedor recibe.
Aliméntanos como la verdad alienta.
Vivifícanos, puesto que Tú eres la Vida.

Nos hiciste para Ti (San Agustín)

Grande eres, Señor, y digno de toda alabanza.
Grande es tu poder, tu sabiduría no tiene límites.

Y este hombre, pequeña migaja de tu creación, quiere alabarte.
Precisamente este hombre, que es un amasijo de fragilidad,
que lleva aún pegada la etiqueta de su pecado,
y es la mejor demostración de lo que es la soberbia.

A pesar de tanta miseria, este hombre quiere alabarte.
Y eres Tú mismo quien lo estimulas a que encuentre deleite en ello.
Porque nos hiciste, Señor, para Ti
y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.

Nada te turbe (Santa Teresa de Ávila)

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.

La paciencia
Todo lo alcanza,
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura,
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa,
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vengan desamparos,
cruces, desgracias,
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo,
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Oración al Ángel de la Guarda (Santa Teresa de Lisieux)

Glorioso Guardián de mi alma, que en el bello cielo brillas,
Junto al trono del Eterno, como llama pura y viva;
tú bajas por mí a la tierra, con tu esplendor me iluminas,
te haces mi amigo, mi hermano, consolador que me anima...

Conociendo mi flaqueza, tú de la mano me guías,
y te veo con ternura quitar piedras de mi vía.
A no mirar más que al cielo siempre tus voces me invitan.
Cuanto me ves más humilde, tanto más tu frente brilla.

Tú, que los espacios cruzas más rápido que el relámpago,
vuela por mí, te lo pido, al lado de los que amo;
con tu ala seca sus lágrimas,
diles de Jesús, el Manso, y el encanto de sufrir...

Durante mi corta vida quiero salvar pecadores,
mis hermanos; ángel bello, dame tus santos ardores.
Fuera de mis sacrificios y de mi austera pobreza,
nada tengo; ofréceles a la Trinidad excelsa.

Para ti el Reino y la Gloria, las riquezas del Gran Rey;
para mí la humilde Hostia, y de la Cruz el gran bien.
Con la Cruz y con la Hostia y con tu celeste ayuda,
espero de la otra vida los goces que siempre duran.

Oración al Santo Ángel Custodio de España

Oh bienaventurado espíritu celestial, a quien la Divina Misericordia se ha dignado confiar el glorioso Reino de España, para que lo defiendas y custodies; postrados ante ti y en amorosa unión contigo damos al Señor humildes y fervientes gracias por haber tenido para con nosotros la misericordiosa providencia de ponernos bajo tu protección: contigo le alabamos y bendecimos y a su divino servicio rendidamente nos ofrecemos.

Ángel Santo, defiéndenos del enemigo de nuestras almas, que también lo es —y muy feroz— de nuestra Patria; y alcánzanos del Señor nuestra salvación, para que España sea siempre el paladín de la Fe Católica, Mariana por excelencia, y Dios Nuestro Señor la proteja y bendiga. Amén.

Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, con el divino poder, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.


Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio; contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur; tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen.

Oración para aprender a amar (Santa Teresa de Calcuta)

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Santa Teresa de Calcuta)

Tú eres Dios. Tú eres Dios de Dios. Tú eres engendrado, no creado. Tú eres de la misma Naturaleza del Padre. Tú eres el Hijo del Dios Vivo. Tú eres la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Tú eres Uno con el Padre. Tú estás en el Padre desde el principio. Todo fue hecho por Ti y por el Padre. Tú eres el Hijo Amado en Quien el Padre se complace.

Tú eres el Hijo de María, concebido por el Espíritu Santo en el seno de María. Tú naciste en Belén. Tú fuiste envuelto en pañales por María y recostado en el pesebre lleno de paja. Tú fuiste calentado con el aliento del borrico sobre el que viajó Tu Madre cuando Te llevaba en su seno.

Tú eres el Hijo de José, el Carpintero, como eras conocido por la gente de Nazaret. Tú eres un hombre sencillo sin mucho saber, según Te juzgaban los sabios de Israel.

¿Quién es Jesús para mí?

Jesús es el Verbo hecho Carne. Jesús es el Pan de Vida. Jesús es la Víctima ofrecida por nuestros pecados en la Cruz. Jesús es el Sacrificio ofrecido en la Santa Misa por los pecados del mundo y los míos.

Jesús es la Palabra – para ser hablada.
Jesús es la Verdad – para ser dicha.
Jesús es el Camino – para ser recorrido.
Jesús es la Luz – para ser encendida.
Jesús es la Vida – para ser vivida.
Jesús es el Amor – para ser amado.
Jesús es la Alegría – para ser compartida.
Jesús es el Sacrificio – para ser ofrecido.
Jesús es la Paz – para ser dada.
Jesús es el Pan de Vida – para ser comido.

Jesús es hambriento – para ser alimentado.
Jesús es sediento – para ser saciado.
Jesús es el Desnudo – para ser vestido.
Jesús es el que no tiene hogar – para ser recogido.
Jesús es el Enfermo – para ser curado.
Jesús es el que está solo – para ser amado.
Jesús es rechazado – para ser aceptado.
Jesús es el Leproso – para lavar sus heridas.
Jesús es el Mendigo – para darle una sonrisa.
Jesús es el borracho – para escucharle.
Jesús es el Retrasado Mental – para protegerle.
Jesús es el Pequeño – para abrazarle.
Jesús es el Ciego – para guiarle.
Jesús es el Mudo – para hablar por él.
Jesús es el Tullido – para caminar con él.
Jesús es el Drogadicto – para ser su amigo.
Jesús es la Prostituta – para ser su amigo.
Jesús es el Prisionero – para ser visitado.
Jesús es el Anciano – para ser servido.

Para mí:
Jesús es mi Dios. Jesús es mi Esposo. Jesús es mi Vida. Jesús es mi único Amor. Jesús es mi Todo en Todo. Jesús es Todo para mí.

Jesús, yo le amo con todo mi corazón, con todo mi ser. Le he dado todo, incluso mis pecados, y Él se ha desposado conmigo con ternura y amor. Ahora y por toda mi vida soy la esposa de mi Esposo Crucificado. Amén.

Para alcanzar la humildad (Santa Teresa de Lisieux)

Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso».

Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: «Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro... Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica». Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.

Quiero bajarme con humildad y someter mi voluntad a la de mis hermanas, sin contradecirlas en nada y sin andar averiguando si tienen derecho o no a mandarme. Nadie, Amor mío, tenía ese derecho sobre ti, y sin embargo obedeciste no sólo a la Virgen Santísima y a san José, sino hasta a tus mismos verdugos. Y ahora te veo colmar en la hostia la medida de tus anonadamientos. ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos tus sacerdotes, sin hacer distinción alguna entre los que te aman y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio...! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz...

¡Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! Ya no puedes bajarte más para enseñarme la humildad. Por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y convencerme de que ése es precisamente mi sitio. Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien, Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso, quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para «tener parte contigo» en el reino de los cielos.

Pero tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti. Ya que tú lo puedes todo, haz nacer en mi alma la virtud que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces:

Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.

Tu misericordia (Stalina de Stemat)

En tu misericordia fuimos creados,
en tu misericordia fuimos creados de nuevo por la sangre de tu Hijo;
tu misericordia nos conserva,
tu misericordia hizo que tu Hijo usara sus brazos en el madero de la cruz
para la lucha de la muerte con la vida,
de la vida con la muerte.

Entonces la vida se liberó de la muerte de nuestra culpa
y de la muerte, secuela de la culpa.
Quitó la vida corporal al Cordero inmaculado.

¿Quién quedó vencido? La muerte.
¿Cuál fue la causa de ello?

Tu misericordia da vida,
da luz para conocer tu clemencia para con toda criatura:
con los justos y con los pecadores.

En las alturas del cielo brilla tu misericordia, esto es, en tus santos.
Si fijo mi mirada en la tierra, la veo rebosar de tu misericordia.
En las tinieblas del infierno brilla tu misericordia
al no imponer a los condenados tantas penas como se merecen.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar;
ser comprendido, cuanto comprender;
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Pastor que con tus silbos amorosos (Lope de Vega)

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados;
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

Oración por el Papa

V/. Oremos por nuestro Pontífice (N)
R/. Que el Señor le conserve, y le dé vida, y le haga santo en la tierra, y no le entregue a la voluntad de sus enemigos.

V/. Tú eres Pedro,
R/. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Oremos:
Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira lleno de bondad a tu siervo, el Papa (N), a quien quisiste colocar al frente de tu Iglesia como pastor. Concédele, te pedimos, la gracia de hacer, por sus palabras y por su ejemplo, que progresen en la virtud aquellos a quienes él preside, y llegue, con el rebaño que le fue confiado, a la vida eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


V/. Oremus pro Pontifice nostro (N)
R/. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.

V/. Tu es Petrus,
R/. Et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam.

Oremus:
Deus, ómnium fidélium pastor et rector, famulum tuum (N), quem pastórem Ecclésiae tuae praeésse voluisti, propitius réspice: da ei, quaésumus, verbo et exémplo, quibus praeest, proficere, ut ad vitam, una cum grege sibi crédito, pervéniat sempiternam. Per Dominum nostrum Jesum Christum. Amen.

Oración ante el sufrimiento (Mons. Antonio Ceballos)

A ti, Señor, te escupieron, a ti, Señor, te insultaron, te azotaron, te clavaron en la cruz, y siendo Dios, les perdonabas, callabas y aun te ofrecías.

¡Qué podré decir yo de tu Pasión!
Debo contentarme y amar profundamente el misterio de tu Pasión.

¡Qué dulce es tu cruz, Jesús mío!
¡Qué dulce es sufrir perdonando y amando!

Oración por las benditas ánimas (Santa Gertrudis)

Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo, por todas las benditas ánimas del purgatorio, por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amén.

Oración por las almas del purgatorio (San Agustín)

Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos, abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagre y herido el costado con la lanza.

Librad, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como habéis padecido por nosotros, a las almas del purgatorio de las penas en que están; llévalas a descansar a vuestra santísima gloria, y salvadnos, por los méritos de vuestra sagrada Pasión y por vuestra muerte de cruz, de las penas del infierno, para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevasteis al buen ladrón que fue crucificado con Vos, que vivís y reináis con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a San Juan Bautista

Sagrado precursor de Cristo, que, santificado en el vientre de vuestra madre, fuiste la admiración del mundo en el ejercicio de las virtudes y en los privilegios con que te enriqueció Dios. Ángel en la castidad, apóstol en el celo y predicación, y mártir en la constancia con que por reprender al incestuoso Herodes ofrecisteis la cabeza al cuchillo, y en las luces sobrenaturales de que te dotó el cielo, profeta del que llegó a decir el mismo Cristo: «Entre los nacidos de las mujeres ninguno mayor que Juan Bautista».

Suplica al Señor que: por tu penitencia me haga mortificado, por tu soledad, recogido, por tu silencio, callado, casto por tu virginidad, espiritual por tu contemplación, e invencible a mis pasiones por la victoria que tú alcanzaste de tus enemigos, para que logre verte en la patria eterna. Amén.

Te Deum

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama.
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios, en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y será ensalzado eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié: no me veré defraudado para siempre.

V/. Bendito eres Señor en lo más alto del cielo
R/. Y digno de alabanza, y glorioso y ensalzado por todos los siglos.

V/. Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y ensalcémosle sobre todas las cosas por los siglos.

V/. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
R/. Y digno de alabanza, y glorioso por los siglos.

V/. Bendice, alma mía, al Señor.
R/. Y nunca olvides sus muchos beneficios.

V/. Señor, escucha mi oración.
R/. Y llegue a ti mi clamor.

(Los sacerdotes añaden: V/. El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu).

Oración:
Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable, te damos gracias por los beneficios que nos has concedido, implorando de tu bondad que no abandones a quienes has escuchado y que nos dispongas para los bienes futuros.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. R/. Amén.

Vía Crucis

Por la señal de la Santa Cruz... Señor mío Jesucristo…

Tras el anuncio de cada estación:
V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

R/. Señor, pequé, tened piedad y misericordia de mí.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

  1. Primera estación: Jesús es sentenciado a muerte.
  2. Segunda estación: Jesús carga con la cruz.
  3. Tercera estación: Jesús cae por primera vez, bajo el peso de la cruz.
  4. Cuarta estación: Jesús se encuentra con su Madre.
  5. Quinta estación: El Cirineo ayuda al Señor a llevar la cruz.
  6. Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús.
  7. Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.
  8. Octava estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén.
  9. Novena estación: Jesús cae por tercera vez.
  10. Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
  11. Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.
  12. Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.
  13. Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su Madre.
  14. Decimocuarta estación: Jesús es puesto en el sepulcro.

Oración final:
Te suplico, Señor, que me concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que medite tu Pasión, quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí y tus constantes beneficios. Haz, Señor, que me acompañe, durante toda mi vida, un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén.

Letanías de la Humildad (Cardenal Merry del Val)

¡Jesús, manso y humilde de corazón!
¡Escúchame!

Del deseo de ser ensalzado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser elogiado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aplaudido,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprochado,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de ser injuriado,
Del temor de que sospechen de mí,
Del disgusto de que no se siga mi opinión,
líbrame, Jesús.

Que los demás sean estimados más que yo, haz, Jesús, que lo desee.

Que los demás crezcan en la opinión del mundo,
Que los demás sean llamados a ocupar cargos,
Que los demás sean alabados,
Que los demás sean preferidos a mí en todo,
haz, Jesús, que lo desee.

Oremos:
Oh Jesús, que, siendo Dios, te has humillado hasta la muerte de cruz para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio: concédenos aprender y practicar tu ejemplo para que, humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías de los Santos

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros.

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, rogad por nosotros.
Santos ángeles, San Abrahán, San Moisés, San Elías, San Juan Bautista, San José, Santos patriarcas y profetas, rogad por nosotros.

Santos Pedro y Pablo, San Andrés, Santos Juan y Santiago, Santo Tomás, San Mateo, Santos Apóstoles, San Lucas, San Marcos, San Bernabé, Santa María Magdalena, Santos discípulos del Señor, rogad por nosotros.

San Esteban, San Ignacio de Antioquía, San Policarpo, San Justino, San Lorenzo, San Cipriano, San Bonifacio, San Pablo Miki, Santo Tomás Becket, Santos Juan Fisher y Tomás Moro, San Estanislao, Santos Isaac Jogues y Juan de Brébeuf, San Pedro Chanel, San Carlos Lwanga, Santos Servando y Germán, San Daniel y compañeros, Santas Perpetua y Felicidad, Santa Inés, Santa María Goretti, Santos mártires, rogad por nosotros.

Santos León y Gregorio, San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín, San Atanasio, Santos Basilio y Gregorio Nacianceno, San Juan Crisóstomo, San Martín, San Patricio, Santos Cirilo y Metodio, San Carlos Borromeo, San Francisco de Sales, San Pío X, San Antonio, San Benito, San Bernardo, Santos Francisco y Domingo, Santo Tomás de Aquino, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Vicente de Paúl, San Juan María Vianney, San Juan Bosco, San Josemaría Escrivá, San Juan Pablo II, San Luis, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Jesús, Santa Rosa de Lima, Santa Isabel de Hungría, Santa Ángela de la Cruz, Santa Mónica, Santa Teresa del Niño Jesús, Beato Diego José de Cádiz, Beato Marcelo Spínola, Santos y santas de Dios, rogad por nosotros.


Muéstrate propicio: líbranos, Señor.
De todo mal, de todo pecado, de los engaños del diablo, de la ira, del odio y de toda mala voluntad, de la muerte eterna,
Por tu encarnación, por tu natividad, por tu bautismo y por tu santo ayuno, por tu cruz y tu pasión, por tu muerte y tu sepultura, por tu santa resurrección, por tu admirable ascensión, por la efusión del Espíritu Santo, por tu glorioso advenimiento, líbranos, Señor.

Nosotros que somos pecadores: te rogamos, óyenos.
Para que nos perdones, para que nos guíes a la verdadera penitencia, para que nos fortalezcas y asistas en tu santo servicio, para que recompenses a todos nuestros bienhechores con los bienes eternos, para que nos des y conserves los frutos de la tierra, para que gobiernes y conserves a tu santa Iglesia, para que asistas al papa y a todos los miembros del clero en tu servicio santo, para que concedas la unidad a todos los que creen en Cristo, para que conduzcas a todos los hombres a la luz del Evangelio, te rogamos, óyenos.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Oración:
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.