En medio de un mundo que parece avanzar sin Dios, una vez más los jóvenes están demostrando que la Iglesia no está muerta, que Cristo sigue vivo, y que su Espíritu continúa renovando todas las cosas. Desde el pasado martes 29 de julio, Roma se ha convertido en el corazón palpitante de esta juventud que, a contracorriente de la lógica del mundo, busca a Dios, lo adora y lo anuncia con alegría.
Ha comenzado oficialmente el Jubileo de los Jóvenes, dentro del gran itinerario del Jubileo 2025, convocado por el Papa Francisco con el lema: Peregrinos de esperanza. Se espera que más de un millón de jóvenes se congreguen en la Ciudad Eterna para vivir días de encuentro, fe, comunión y testimonio. Esta multitud no es solo un dato numérico: es el signo visible de una Iglesia joven, viva, dispuesta a caminar con decisión tras las huellas de Cristo.
Ya lo vivimos en la inolvidable Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa. Jóvenes de los cinco continentes llenaron calles, iglesias y plazas con cantos, oración, silencio, confesiones, Eucaristía, misiones, adoración... Y hoy, desde Roma, se renueva esa misma esperanza: los jóvenes no son el futuro de la Iglesia, son su presente.
Una imagen de Iglesia universal
Lo más impresionante no fue la emoción de un encuentro multitudinario, ni siquiera la posterior aparición del Papa, sino que todos estaban allí por lo esencial: para celebrar la Santa Misa. En el verdadero centro de la vida cristiana, en torno al altar del Sacrificio, se unieron en adoración al Señor. Esa fue la razón del encuentro: Cristo Eucaristía, el eje y el centro de la vida de todo bautizado. No se reunieron para ver al Papa —aunque luego apareció por sorpresa— sino para vivir lo más grande que un cristiano puede vivir: la Eucaristía.
León XIV: “Ustedes son la sal de la tierra… la luz del mundo”
“Jesús les dice: ‘Ustedes son la sal de la tierra […] la luz del mundo’ (Mt 5,13-14). Y hoy sus voces, su entusiasmo, sus gritos —que son todos por Jesucristo— los van a escuchar hasta el fin del mundo.
Están comenzando unos días, un camino, el Jubileo de la esperanza. El mundo necesita mensajes de esperanza; ustedes son ese mensaje, y tienen que seguir dando esperanza a todos.
Oremos por la paz y seamos testigos de la paz de Jesucristo, de la reconciliación, esta luz del mundo que todos estamos buscando”.
El Santo Padre impartió la bendición apostólica e invitó a todos a continuar el camino jubilar, que culminará en Tor Vergata, lugar simbólico de las grandes vigilias con los jóvenes en Roma.
Testigos de esperanza
Desde el inicio de su pontificado, el Papa León XIV ha dirigido palabras de aliento y de exigencia a los jóvenes, llamándolos a vivir el Evangelio con autenticidad. En su mensaje para este Jubileo ha recordado que:
“La esperanza cristiana no es una ilusión, sino una certeza arraigada en el amor de Dios, que nunca defrauda”.
Y es precisamente esta esperanza la que hoy miles de jóvenes están haciendo visible con su testimonio.
En un tiempo donde el relativismo, el individualismo y la indiferencia amenazan con apagar la llama del Evangelio, los jóvenes están mostrando que es posible vivir la fe con radicalidad, con coherencia, con alegría. No buscan espectáculos vacíos ni ideologías pasajeras. Buscan a Cristo. Y lo están encontrando en la Iglesia, en los sacramentos, en la comunión fraterna, en la misión.
El futuro ya está aquí
Que este Jubileo de los Jóvenes sea una llamada a toda la Iglesia para no tener miedo, para confiar en las nuevas generaciones, para acompañarlas con verdad y amor. Porque donde hay jóvenes que aman a Cristo, la Iglesia florece. Y como recuerda la bula de este Año Jubilar: Spes non confundit, la esperanza no defrauda.
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