Hoy la sociedad nos invita a vivir sin rumbo: Disfruta, viaja, conoce gente, aprovecha mientras seas joven. Y, aunque todo esto puede tener un valor, es necesario vivirlo de manera ordenada, es decir, según Dios.
Antes del matrimonio existe un paso fundamental: el noviazgo. Y el noviazgo es tan importante como el matrimonio mismo. Incluso podríamos decir que, en cierto sentido, es más importante, porque es el tiempo de preparación, el terreno donde se siembra la semilla del amor que luego madurará en el sacramento.
El noviazgo es un periodo para conocerse, para caminar juntos y construir una relación sólida. Pero este camino no debe recorrerse solos: hay que caminar juntos, sí, pero con Dios. Nunca debemos dejarlo fuera de la ecuación.
¿Significa esto que Dios no quiere que tengamos novio o novia? ¡Por supuesto que no! Si es su voluntad, Él mismo pondrá en tu camino a esa persona. Pero lo esencial es que, junto a tu pareja, sepáis arrodillaros ante el Sagrario y ofrecer vuestra relación al Señor: las alegrías, las discusiones, los enfados y cada momento compartido.
El noviazgo, vivido en Dios, se convierte en un altar donde se va preparando la ofrenda del matrimonio. Y si esa es su voluntad, en el matrimonio llegaréis a ser uno, como Cristo y su Iglesia son uno.
.png)

Publicar un comentario