La Iglesia exhorta a conservar y promover, durante el tiempo de Cuaresma, las celebraciones litúrgicas conocidas como estaciones cuaresmales, inspiradas en la antigua práctica de las estaciones romanas. Esta forma celebrativa, recomendada por los libros litúrgicos, subraya el carácter penitencial y comunitario del camino cuaresmal, y manifiesta de manera visible la peregrinación del pueblo de Dios hacia la Pascua.
Las estaciones cuaresmales pueden celebrarse tanto en los domingos del tiempo de Cuaresma como en los días feriales, cuando las circunstancias pastorales lo aconsejen. En ellas, los fieles se congregan inicialmente en una iglesia menor u otro lugar adecuado, donde el sacerdote llega revestido para la celebración. En este contexto, puede utilizar la capa pluvial en lugar de la casulla; si preside el obispo, usa la mitra sencilla, conforme a las normas del Ceremonial de los Obispos.
Una vez reunida la asamblea, el sacerdote saluda al pueblo y puede dirigir una breve monición. A continuación, se reza la oración colecta, que puede tomarse del formulario de la Santa Cruz, por la remisión de los pecados, por la Iglesia o, según convenga, una de las oraciones sobre el pueblo previstas para este tiempo litúrgico. Concluida la oración, y tras la imposición del incienso en el turíbulo si se ha dispuesto su uso, el diácono invita a la asamblea con la fórmula: «Avancemos en paz».
Seguidamente se organiza la procesión hacia la iglesia en la que se celebrará la Santa Misa. Durante el recorrido se cantan las letanías de los santos, en las que pueden incorporarse las invocaciones propias de los santos venerados en la Iglesia local, expresando así la comunión con la Iglesia celestial en el itinerario penitencial de la Cuaresma.
Al llegar al templo donde tendrá lugar la celebración eucarística, el sacerdote venera el altar con el beso ritual y, si se emplea incienso, lo inciensa. Si durante la procesión llevaba la capa pluvial, la deja antes de la veneración del altar y reviste la casulla. A continuación, se omiten los ritos iniciales y, si se juzga oportuno, también el Kyrie. El sacerdote reza entonces la oración colecta propia de la Misa del día, y la celebración prosigue según el orden habitual, pudiendo concluirse con la oración sobre el pueblo correspondiente al formulario litúrgico.

Publicar un comentario