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Devoción a la Santísima Virgen María

Bajo tu amparo / Sub tuum præsídium

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Sub tuum præsídium confúgimus, Sancta Dei Génetrix. Nostras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus nostris, sed a perículis cunctis líbera nos semper, Virgo gloriósa et benedícta.

℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Salve Regina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Amén.

Salve, Regína, Mater misericórdiæ. Vita, dulcédo et spes nostra, salve.

Ad te clamámus exsules fílii Hevæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrimárum valle.

Eia, ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte; et Iesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis post hoc exsílium osténde.

O clemens, O pia, O dulcis Virgo María.

℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi. Amen.

Acordaos / Memoráre

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti.

Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana.

No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

Memoráre, o piíssima Virgo María, non esse audítum a sǽculo, quemquam ad tua curréntem præsídia, tua implorántem auxília, tua peténtem suffrágia, esse derelíctum.

Ego tali animátus confidéntia, ad te, Virgo Vírginum, Mater, curro, ad te vénio, coram te gemens peccátor assísto.

Noli, Mater Verbi, verba mea despícere; sed áudi propítia et exáudi. Amen.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Benedícta sit tua púritas et in ætérnum sit, quia totus Deus delectátur in tam grata pulchritúdine.

Tibi, cæléstis Prínceps, Virgo Sacra María, ego óffero hódie ánimam meam, vitam meam et cor meum.

Miserére mei, et noli me derelínquere, Mater mea.

Ángelus

℣. El ángel del Señor anunció a María.
℟. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...

℣. He aquí la esclava del Señor.
℟. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...

℣. Y el Verbo de Dios se hizo carne.
℟. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...

℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Oremos: Oh Padre, infunde en nuestra alma tu gracia. Tú, que en la anunciación del Ángel nos has revelado la encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz condúcenos a la gloria de la resurrección. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

℣. Ángelus Dómini, nuntiávit Maríæ.
℟. Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave María...

℣. Ecce ancílla Dómini.
℟. Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave María...

℣. Et Verbum caro factum est.
℟. Et habitávit in nobis.
Ave María...

℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus: Grátiam tuam, quæsumus, Dómine, méntibus nostris infúnde; ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.

Regina Coeli

℣. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.
℟. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
℣. Resucitó según dijo; aleluya.
℟. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.
℣. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
℟. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.

Oremos: ¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre...

℣. Regína cæli, lætáre; allelúia.
℟. Quia quem meruísti portáre; allelúia.
℣. Resurréxit sicut dixit; allelúia.
℟. Ora pro nobis Deum; allelúia.
℣. Gaude et lætáre, Virgo María; allelúia.
℟. Quia surréxit Dóminus vere; allelúia.

Orémus: Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Iesu Christi mundum lætificáre dignátus es, præsta, quæsumus, ut per eius Genetrícem Vírginem Maríam perpétuæ capiámus gáudia vitæ. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
Glória Patri...

Alma Redemptoris Mater

Para el tiempo de Adviento y Navidad

Salve, Madre soberana del Redentor, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar. Socorre al pueblo frágil, que intenta levantarse.

Tú que para todo asombro de la naturaleza engendraste a tu Creador, virgen antes y después del parto, que recibiste aquel saludo de la boca de Gabriel, ten piedad de nosotros.

Alma Redemptóris Mater, quæ pérvia cæli porta manes, et stella maris, succúrre cadénti, súrgere qui curat, pópulo.

Tu quæ genuísti, natúra miránte, tuum sanctum Genitórem, Virgo prius ac postérius, Gabriélis ab ore sumens illud Ave, peccatórum miserére.

Ave Regina Cælórum

Para el tiempo de Cuaresma

Salve, Reina de los Cielos y Señora de los ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa entre todas la más bella; salve, agraciada doncella, ruega a Cristo por nosotros.

Ave, Regína cælórum, ave, Dómina Angelórum, salve, radix, salve, porta, ex qua mundo lux est orta.

Gaude, Virgo gloriósa, super omnes speciósa; vale, o valde decóra, et pro nobis Christum exóra.

Santo Rosario

Señal de la Cruz: Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ofrecimiento: Virgen santísima, dadnos tu presencia, y purifica y dirigen nuestra intención de ésta parte de tu Santo Rosario con el que deseamos reparar las ofensas que le hacemos los hombres en todo el mundo a tu Inmaculado Corazón y al de tu Divino Hijo Nuestro Señor Jesucristo. Pedirte por la Santa Iglesia, la conversión de los pecadores, la perseverancia de los justos, los enfermos y las ánimas benditas del purgatorio. (Intenciones particulares). “Pedid y se os dará…” dice el Señor (Mt. 7,7).

Saludo:
Dios te salve, María, Hija de Dios Padre, llena eres de gracia...
Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo, llena eres de gracia...
Dios te salve, María, Esposa del Espíritu Santo, llena eres de gracia...


Misterios del Santo Rosario

Gozosos (Lun y Sáb)
  1. La Encarnación.
  2. La Visitación de Nuestra Señora.
  3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
  4. La Purificación de Nuestra Señora.
  5. El Niño perdido y hallado.
Dolorosos (Mar y Vie)
  1. La oración en el huerto.
  2. La flagelación del Señor.
  3. La coronación de espinas.
  4. La Cruz a cuestas.
  5. Jesús muere en la Cruz.
Gloriosos (Mié y Dom)
  1. La Resurrección del Señor.
  2. La Ascensión del Señor.
  3. La venida del Espíritu Santo.
  4. La Asunción de Nuestra Señora.
  5. La Coronación de María.
Luminosos (Jue)
  1. El Bautismo del Señor.
  2. Las bodas de Caná.
  3. El anuncio del Reino de Dios.
  4. La Transfiguración del Señor.
  5. La institución de la Eucaristía.

Al terminar cada misterio:

℣. Ave María Purísima / ℟. Sin pecado concebida.

María Madre de Gracia de Amor y Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora. Amén.

Oh Jesús, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas.

Letanía Lauretana / Litaniæ Lauretanæ

Señor, ten piedad. R: Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. R: Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. R: Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. R: Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. R: Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia...
Dios Espíritu Santo, ten misericordia...
Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia...

(A cada invocación: Ruega por nosotros)

  • Santa María,
  • Santa Madre de Dios,
  • Santa Virgen de las vírgenes,
  • Madre de Cristo,
  • Madre de la Iglesia,
  • Madre de la Misericordia,
  • Madre de la divina gracia,
  • Madre de la Esperanza,
  • Madre purísima,
  • Madre castísima,
  • Madre siempre virgen,
  • Madre inmaculada,
  • Madre amable,
  • Madre admirable,
  • Madre del Buen Consejo,
  • Madre del Creador,
  • Madre del Salvador,
  • Virgen prudentísima,
  • Virgen digna de alabanza
  • Virgen poderosa,
  • Trono de sabiduría
  • Causa de nuestra alegría,
  • Vaso espiritual,
  • Vaso digno de honor,
  • Vaso insigne de devoción,
  • Rosa mística,
  • Torre de David,
  • Torre de marfil,
  • Casa de oro,
  • Arca de la alianza,
  • Puerta del cielo,
  • Estrella de la mañana,
  • Salud de los enfermos,
  • Refugio de los pecadores,
  • Consuelo de los migrantes,
  • Consuelo de los afligidos,
  • Auxilio de los cristianos,
  • Reina de los Ángeles,
  • Reina de Patriarcas,
  • Reina de los Profetas,
  • Reina de los Apóstoles,
  • Reina de los Mártires,
  • Reina de los onfesores,
  • Reina de las Vírgenes,
  • Reina de todos los Santos,
  • Reina concebida sin pecado original,
  • Reina asunta a los cielos,
  • Reina del Santísimo Rosario,
  • Reina de la familia,
  • Reina de la paz.

Kyrie, eléison. R: Kyrie, eléison.
Christe, eléison. R: Christe, eléison.
Kyrie, eléison. R: Kyrie, eléison.
Christe, audi nos. R: Christe, audi nos.
Christe, exáudi nos. R: Christe, exáudi nos.

Pater de cælis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére...
Spíritus Sancte, Deus, miserére...
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére...

(Ad singulas invocationes: Ora pro nobis)

  • Sancta Maria,
  • Sancta Dei Génetrix,
  • Sancta Virgo vírginum,
  • Mater Christi,
  • Mater Ecclésiæ,
  • Mater Misericordiæ,
  • Mater divínæ gratiæ,
  • Mater Spei,
  • Mater puríssima, castíssima,
  • Mater invioláta, intemeráta,
  • Mater immaculáta, amábilis,
  • Mater admirábilis, boni Consílii,
  • Mater Creatóris, Salvatóris,
  • Virgo prudéntíssima, veneránda,
  • Virgo prædicánda, potens, clemens, fidélis,
  • Spéculum iustítiæ, Sedes Sapiéntiæ,
  • Causa nostræ lætítiæ, Vas spirituále,
  • Vas honorábile, insigne devotiónis,
  • Rosa mýstica, Turris Davídica,
  • Turris ebúrnea, Domus áurea,
  • Fœderis arca, Iánua cæli,
  • Stella matutina, Salus infirmórum,
  • Refugium peccatórum,
  • Solacium migrantium,
  • Consolátrix afflictorum,
  • Auxílium christianorum,
  • Regina Angelórum, Patriarcharum...
  • Regina Apostolórum, Mártyrum...
  • Regina Virginum, omnium Sanctorum,
  • Regina sine labe originali concepta,
  • Regina in cælum assumpta,
  • Regina Sacrosancti Rosarii,
  • Regina familiæ, Regina pacis.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

- Por las necesidades de la Iglesia: Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
- Por la persona e intenciones del Obispo de esta diócesis: Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
- Por las Ánimas benditas del purgatorio: Padre nuestro, Avemaría. Descansen en paz.

Acción de gracias: Infintas gracias os damos, sobreana Princesa, por los favores que todos los días recibimos de vuestra benéfica mano; dignaos, Señora, tenernos ahora y siempre bajo vuestra protección y amparo; y para más obligaros, os saludamos con una Salve:

"Dios te salve Reina y Madre de misericordia..."

- Por las intenciones del Romano Pontífice: Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Genitrix.
℟. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oratio: Te supplicamus, Domine, ut gratia tua... Per Christum Dominum nostrum. Amen.

- Pro Eccl. et Status: Pater, Ave, Gloria.
- Pro Episcopo: Pater, Ave, Gloria.
- Pro defunctis: Pater, Ave. Requiescant in pace.

Viernes Santo:
℣. Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la muerte. / ℟. Y muerte de cruz.
(Lat: Christus pro nobis factus est obediens usque ad mortem. / Et mortem crucis.)

Sábado Santo:
℣.Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. / ℟. Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
(Lat: Christus pro nobis factus est obediens usque ad mortem, et mortem crucis. / ℟. Propter quod Deus exaltavit eum et dedit ei nomen quod super omne nomen est.)

Coronilla de la Divina Misericordia

(Se hace la señal de la cruz mientras se dice)
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oraciones Iniciales:
Padre nuestro...
Dios te salve, María...
Creo en Dios, Padre Todopoderoso... (Credo de los Apóstoles)

En las cuentas mayores (donde el Padre Nuestro):
Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

En las diez cuentas menores (donde el Ave María):
℣. Por su dolorosa Pasión,
℟. Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Al terminar las cinco decenas se dice tres veces:
℣. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
℟. Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Oración Final:
Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros tu mirada bondadosa y aumenta tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.

¡Mira a la estrella, invoca a María! (San Bernardo)

¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y de las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María. Si eres agitado por las ondas de la soberbia, de la detracción, de la ambición, de la emulación, mira a la Estrella, llama a María.

Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.

Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del duelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud.

No te extraviarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiende su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara.

Oración a la Virgen (San Pío de Pietrelcina)

Santísima Virgen Inmaculada y Madre mía María, a ti que eres la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la Abogada, la Esperanza, el Refugio de los pecadores, recurro hoy, yo que soy el más miserable de todos, te venero, oh gran Reina y te agradezco por todas las gracias que me has dado hasta ahora, especialmente por haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mí.

Yo te amo, Señora amabilísima, y por el amor que te tengo, prometo querer servirte siempre y hacer todo lo que pueda para que tú seas amada más por los demás.

Pongo en ti, después de Jesús, todas mis esperanzas, toda mi salud; acéptame como tu siervo, y acógeme bajo tu manto, tú, Madre de Misericordia.

Y ya que eres tan potente ante Dios, líbrame de todas las tentaciones o consígueme la fuerza de vencerlas hasta la muerte.

A ti te pido el verdadero amor a Jesucristo; de ti espero hacer una buena muerte, Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego me ayudes siempre, pero más en el último momento de mi vida.

No me abandones hasta no verme salvo en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.

Consagración a la Inmaculada (San Maximiliano Mª Kolbe)

Oh Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a quien Dios confió la economía de la misericordia.

Yo, ....... pecador indigno, me postro ante ti, suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y posesión tuya.

A ti, oh Madre, ofrezco todas las dificultades de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad.

Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva, para cumplir lo que de ti ha sido dicho: "Ella te aplastará la cabeza" (Gen 3,15), y también: "Tú has derrotado todas las herejías en el mundo".

Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo, aumentar en cuanto sea posible el bienaventurado Reino del Sagrado Corazón de Jesús.

Donde tú entras, oh Inmaculada, obtienes la gracia de la conversión y la santificación, ya que toda gracia que fluye del Corazón de Jesús para nosotros, nos llega a través de tus manos.

Ayúdame a alabarte, oh Virgen Santa, y dame fuerza contra tus enemigos. Amén.

A la Virgen María para lograr el amor a Jesucristo (San Alfonso Mª de Ligorio)

¡Oh, María! Tú que deseas ver amado a Jesús, enséñame a quererle mucho y ayúdame a no apartarme de Él.

Ruega siempre por mí y por el dolor que pasaste en el Calvario al ver expirar a Jesús en la Cruz; alcánzame una buena muerte y llévame contigo al Cielo. Amén.

Oración a la Inmaculada (Benedicto XVI)

¡Oh, Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los “pequeños” de nuestra ciudad: ante todos los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios.

Te encomiendo, oh, María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante.

Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria.

¡Oh, Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado.

Si, ¡oh, María!, tú nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratitud, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad.

Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser “centinelas de la mañana”, y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, Salus Populi Romani, Ruega por nosotros.

Oración a María, Madre de la Iglesia y de nuestra fe (Francisco)

¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de Él, a creer en su amor, sobre todo, en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.

Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que Él sea luz en nuestro camino. Y que esa luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso. Amén.

Dulzura de los ángeles

Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos externos.

María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que, cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios.

Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos; tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo. Amén.

Oración a la Virgen de Guadalupe (San Juan Pablo II)

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas. Intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias para que estén muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión. Enséñanos a ir continuamente a Jesús, y si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos. Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Corona Dolorosa (Los Siete Dolores de María)

Se reza un Padre nuestro y siete Avemarías por cada dolor de la Virgen.

Acto de Contrición:Señor mío, Jesucristo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

1º Dolor: La profecía de Simeón.
Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención como corredentora sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes

2º Dolor: La huida a Egipto.
Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención como corredentora sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.

3º Dolor: La pérdida de Jesús en el Templo.
Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, haz que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

4º Dolor: Encuentro de Jesús camino del Calvario.
Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargando con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte. Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas. Ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser la burla y una humillación tan grande. Sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue.

5º Dolor: La crucifixión y agonía de Jesús.
Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

6º Dolor: La lanzada y recibir a Jesús muerto en brazos.
Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo; sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón. El Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, haz que sepamos amar a Jesús como Él nos amó.

7º Dolor: El entierro de Jesús y la soledad de María.
Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; Él, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en la tierra. Llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la puerta más injusta que haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva y corredentora, le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora que te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos de este, concédenos a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos.

Oración final: Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que, siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.

Oración a la Virgen Dolorosa

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés en la presencia del Señor, de hablar en favor nuestro y que aparte de su indignación de nosotros.

Oh Santísima Madre, hazme esta gracia: fija en mi corazón con eficacia las llagas de Jesús crucificado. Haz que Cristo en mí lleve la muerte, que participe su pasión y suerte y medite en sus llagas apenado.

Para que no arda en los eternos fuegos, defiéndeme tú, oh Virgen, con tus ruegos, en el día del juicio. Y tú, oh Cristo, al salir yo de esta vida, por tu Madre querida, haz que llegue la palma de victoria. Cuando mi cuerpo muera, haz que mi alma adquiera del paraíso la gloria. Amén.

(Rezar tres Avemarías)

Stabat Mater Dolorosa (Secuencia)

La Madre piadosa estaba
Junto a la cruz y lloraba
Mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y aflicta
se vio la madre bendita,
de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿Cuál hombre no llorara,
si la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?

Y ¿Quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de tus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tanta,
que el llanto dulce me sea.

Porque su pasión y suerte
tenga en mi alma, de suerte
que el llanto dulce me sea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.

Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.

Porque cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

Ave Maris Stella

Salve, Estrella del Mar,
Madre de Dios excelsa
y siempre intacta virgen,
del cielo feliz puerta.

Aquel ave tomando
que de Gabriel oyeras,
en paz nos establece,
mudando el nombre de Eva.

Desata los pecados,
Alumbra mentes ciegas,
aleja nuestros males,
todo bien nos impetra.

Muéstranos que eres Madre,
por ti las preces nuestras
reciba el que naciendo
por Madre te eligiera.

Virgen singularísima,
entre todas benévola,
libres de culpa, dános,
mansedumbre y pureza.

Dános vida sin mancha,
haz segura la senda,
para que viendo a tu Hijo
gocemos dicha eterna.

A Dios Padre la gloria,
a Cristo honra suprema,
y al Espíritu Santo,
igual la gloria sea. Amén.

Ave, maris stella,
Dei Mater alma,
atque semper Virgo,
felix cæli porta.

Sumens illud Ave
Gabriélis ore,
funda nos in pace,
mutans Evæ nomen.

Solve vincla reis,
profer lumen cæcis,
mala nostra pelle,
bona cuncta posce.

Monstra te esse Matrem,
sumat per te preces,
qui pro nobis natus
tulit esse tuus.

Virgo singuláris,
inter omnes mitis,
nos culpis solútos
mites fac et castos.

Vitam præsta puram,
iter para tutum,
ut vidéntes Iesum
semper collætémur.

Sit laus Deo Patri,
summo Christo decus,
Spirítui Sancto,
tribus honor unus. Amen.