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La velación de las cruces

El Misal Romano permite conservar la costumbre de cubrir las cruces y las imágenes en la iglesia a partir del V Domingo de Cuaresma. Se trata de una práctica que, aunque antiguamente fue obligatoria en toda la Iglesia latina, hoy tiene carácter potestativo y se mantiene en algunos lugares por su claro valor catequético y simbólico dentro del itinerario cuaresmal.

Cuando esta práctica era de observancia universal, se contemplaban algunas excepciones significativas. Las imágenes podían permanecer descubiertas durante las procesiones, y se permitía exponer la imagen de la Virgen Dolorosa con su Hijo muerto en los brazos durante el Jueves y el Viernes Santo. Asimismo, era habitual que la imagen de la Dolorosa permaneciera descubierta en el altar el Viernes de Dolores, subrayando así el carácter propio de esa conmemoración.

La velación se realiza cubriendo las cruces y las imágenes con un velo de color morado o rojo, conforme a lo indicado por la Congregación para el Culto Divino en las Normas sobre la Semana Santa. En épocas anteriores, existía también la costumbre de sustituir el velo morado de la cruz del altar mayor por uno blanco durante las celebraciones del Jueves Santo, como signo del carácter particular de ese día dentro del Triduo Pascual.

El crucifijo destinado a la adoración de la cruz en la Celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo se descubre solemnemente al inicio de ese rito, mientras se canta la aclamación «Mirad el árbol de la cruz…», si se elige esta forma ritual. Si se opta por la entrada procesional con la cruz, el descubrimiento se realiza antes de la procesión. Los demás crucifijos velados se descubren, según lo dispuesto por el Misal Romano, al concluir la Celebración de la Pasión del Señor.

En cuanto a las demás imágenes, estas permanecen cubiertas hasta el inicio de la Vigilia Pascual. En muchos lugares se conserva la tradición de descubrirlas solemnemente durante el canto del Gloria, cuando el sonido de las campanas y la plena iluminación del templo manifiestan litúrgicamente el paso de la Pasión a la Resurrección del Señor.

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